sábado, 19 de noviembre de 2011

Capítulo 14. Segunda parte

Entre sus manos llevaba aquel artilugio que había obligado a Alfonso a fabricar, el cual estaba cubierto con una tela para que nadie pudiera ver lo que era.
Ya en la calle, lo introdujo en el pequeño saquito de tela que lleva y se secó las lágrimas.
Cuando recuperó la compostura se fue hacia el lugar que, en vida, fue su hogar. Todavía guardaba la llave, así que no tuvo que forzar ninguna puerta ni ventana.
Se dirigió con sigilo hacia una habitación inundada en color rosa y tapices de flores. Aunque la decoración no era visible a esas horas de la noche.
Observó a Monira dormir profundamente, podía ver su pecho subir y bajar.
Se sentó en un sillón que había al lado de la cama y la observó durante algunos segundos, sacó algo del saquito de tela y una hoja afilada brilló en la oscuridad.
Creyó ser capaz de acabar con la vida de su hermana, pero le sobrevino la nostalgia: recordó una tarde soleada que correteaban por el jardín tratando de cazar una mariposa, recordó las noches que la miedosa de Monira no podía dormir y ella le contaba cuentos…
Monira le había traicionado, pero ella no jugó con sus sentimientos como hizo Alfonso, de hecho le había hecho un gran favor ayudándola a descubrir como era él en realidad, pero aún así… Ella sabía lo que Isabel sentía por Alfonso, ya aún así, dejó  que Alfonso la engañara y pretendía casarse con él…
Tenía ganas de matarla, pero luego le sobrevino una tristeza inmensa al pensar lo duro que sería para sus padres quedarse sin sus dos hijas en tan poco tiempo..
Se encontraba inmersa en una vorágine emocional típicamente humana, hasta que el vampiro que habitaba en ella le susurró:”no la mates, pero haz que te recuerde siempre…”
Sí, utilizaría la última cosa que le quedaba de Alfonso.
 Abrió el saquito de nuevo y ató las manos y pies de Monira con mucha delicadeza y rapidez, le puso una venda en los ojos, para que, en el caso de que despertara, no la pudiera ver.
Extrajo aquello que Alfonso le fabricó: una plancha de metal en la que ponía “Isabel”. Acercó la plancha a la lumbre que caldeaba la habitación, apartó las mantas que cubrían a Monira, le levanto las faldas del camisón y grabó su nombre en el bajo vientre de su hermana.
Diez veces más rápido de lo que cualquier humano podría, desató los pies y manos de Monira y escapó por la ventana mientras oía los gritos de dolor de su hermana.
Cuando los padres de Monira y los médicos vieron el nombre de Isabel grabado en su vientre, pensaron que se lo había hecho ella misma, o que incluso pudiera haber sido Alfonso,  pues encontraron la plancha en su dormitorio y, más adelante descubrieron que su procedencia era la herrería de Alfonso.
Después del asesinato de Isabel, y el posterior descubrimiento de los escarceos amorosos de Monira con Alfonso, todos los habitantes del pueblo, etiquetaron a Alfonso como “el amante  de Monira, la hija menor del señor Domínguez”, así que no es de extrañar que el asunto de la plancha en su habitación levantara tantas sospechas…
Pero lo peor fue que nunca pudieron hablar con Alfonso, pues Chloé fue astuta y rápida, ya que quemó el cuerpo y las pertenencias de Alfonso con la ayuda de Héctor. Además se atrevieron a escribir una nota de despedida  para que su familia y el  pueblo pensara que Alfonso había huido  escapando de las constantes burlas de sus vecinos acerca de su supuesta locura.
Con el tiempo, la gente se olvidó de todo ese asunto, pero no Monira, quien recordaba el nombre su hermana y todo lo sucedido cada vez que se veía desnuda.

Chloé volvió a la realidad al ver, desde el tejado a Héctor tocando el piano en su ostentosa mansión. Observó su perfil perfecto, el brillo de sus cabellos dorados bajo la luz y como sus dedos hábiles arrancaban al piano tan bellas melodías…
La música era una de las pocas cosas que hacían vibrar a Héctor como cuando era humano y su expresión lo reflejaba: en su rostro se podía ver una expresión de evasión y pasión muy parecida a la que se puede ver en un drogadicto al sentir entrar la droga en su organismo o la que siente un vampiro  al ingerir, por primera vez,  la sangre de sus víctimas.
Cuando Chloé veía a Héctor  inmerso en ese trance, siempre pensaba que parecía iluminado por 
un aura mágica, su semblante le parecía menos amenazante y su imagen mucho más bella.

A Chlóe le vinieron recuerdos de los primeros años 
junto a él, de esa atracción inevitable que le hacía sentir… Pero sacó esos recuerdos de su cabeza, bajó de un salto del tejado sin hacer el menor ruido al tocar el suelo y se dirigió, con paso firme, a la puerta de la mansión de Héctor.

2 comentarios:

  1. hay! ya quiero saber que pasa!!! cada capitulo me dejas con ganas de más!!! ahaha genial lo que le hizo a Monira!! por traidora!!!! me encantó! como siempre!!! espero x el próximo!!!
    Bsotesssss

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  2. buenisimo buenisimo!! qiero el proximo capitulo yaa jaja da muchas vueltas la historia y qierio saber qe pasara..

    besos

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