lunes, 18 de julio de 2011

Capítulo 8

Vittorio se quedó a solas y se dirigió hacia la mochila de Chloé, pensando que aquello no estaba bien pero también diciéndose a sí mismo que tanta incertidumbre lo iba a matar.
La abrió, mirando hacia atrás como temiendo que Chloé apareciera como por ensalmo y lo sorprendiera hurgando en sus secretos mejor guardados.
Vió prendas de ropa de mujer bien dobladas, algunos útiles de aseo y cuando creía que ya no iba a encontrar nada, sus manos se toparon con algo pesado, frío y metálico. Lo sacó con cuidado y vió que era una daga. La apariencia de esta daga era antigua y valiosa, aunque tampoco es que él entendiera mucho de estas cosas.
Tenía una cubierta metálica muy elaborada y un símbolo iridiscente muy extraño en la empuñadura; se trataba de un cuadrado que se dividía en cuatro cuadrados más y en cuyas puntas se veían unos círculos que se dividían en más círculos.Entre círculo y círculo había un círculo más que parecía unirlos y que también se dividía en más círculos.
Vittorio la sopesó, acarició el símbolo y se dió cuenta de que la presencia de ese arma en la mochila de Chloé no significaba nada; podía tratarse de una herencia familiar. Además Chloé era una mujer a la que le gustaba defenderse.
Siguió buscando pero sólo encontro una carpeta de  color crema vacía con el mismo símbolo que adornaba la empuñadura de la daga. ¿Qué significaría ese símbolo?
Vittorio se sintió decepcionado. Había rebuscado entre las pertenencias de Chloé para nada. En vez de poner respuestas a sus preguntas les había añadido más interrogantes.
De repente sonó una musiquilla que provenía de su teléfono móvil. "Héctor llamando" le decía la pantalla del aparato.
-¿Sí?- respondió tratando de no parecer nervioso y preparando su "no lo sé" ante la pregunta de si sabía donde estaba Chloé.
-Hola Vittorio.¿Porqué no has venido hoy a deleitarme con tu presencia?- dijo una voz burlona al otro lado de la línea.
Vaya, esa no era la pregunta que estaba esperando.
-Yo... Tenía mucho que estudiar y cuando me di cuenta ya era muy tarde para ir a tu casa. Perdona por no haber llamado.
-Tranquilo amigo, avísame la próxima vez, ¿vale?
-Sí, sí, claro.
-¿Mañana nos vemos?
-Sí, mañana iré a la hora de siempre.
-De acuerdo. Por cierto, ¿Sabes algo de Chloé?
-No, ¿porqué?
-Esta mañana se fue pronto y no me dijo nada- dijo mientras sostenía un papel en las manos.
-Pues no, no lo sé. Igual tenía algo que hacer.
-Eso estaba yo pensando-dijo como refiriéndose a algo diferente a lo que Vittorio quería referirse. Bueno, mañana nos vemos.
-Hasta mañana Héctor.
Ambos colgaron.
Héctor se quedó observando un papel y dibujó una sonrisa irónica en su bello rostro.
Vittorio notó como respiraba más fuerte  y temía haber desvelado algo a Héctor con su nerviosismo.

 

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