sábado, 23 de julio de 2011

Capítulo 8. Tercera parte.

-Antes de nada Chloé debo advertirte de que tu piel está más pálida de lo normal y tus ojos están adquiriendo una tonalidad rojiza.¿Hace cuánto que no te alimentas?
-Pues en todo el día de hoy no he podido.. Bueno y ayer tampoco..
-No deberías ser tan imprudente Chloé- le increpó Leroy- si estás mucho tiempo sin alimentarte podrías acabar atacando a un humano en público.
Chloé se sintió culpable por el peligro que le había hecho correr a Vittorio dejándole estar a su lado en esas circunstancias.
-Además, la gente se fijaría en tus ojos- añadió Christinne.
-Lo sé, lo sé. No volverá  a pasar.
-Tienes suerte de que anoche fuéramos a "cazar" y tengamos provisiones de sobra- dijo Leroy tratando de relajar el ambiente- ahora mismo le serviré una copa, señorita- dijo con una sonrisa.
Cuando Leroy desapareció Christinne le dijo a Chloé:
-Conociéndote como te conozco algo muy importante deberías estar haciendo para no haberte alimentado. Supongo que habrás vuelto a escapar de Héctor pero me da que hay algo más ¿Me equivoco?
Chloé enrojeció y como Leroy estaba llegando Christinne respondió:
-Tomaré tu rubor como un sí.
Se sentaron Christinne y Chloé en un sofá y Leroy en otro. Leroy puso encima de una mesa pequeña de madera clara una jarra negra que no dejaba ver lo que contenía en su interior y le acercó a Chloé un vaso de cristal que permitía que la sangre que había en él reluciera a la luz de la lámpara.
Chloé observó lo que había a su alrededor y vio que no había cambiado prácticamente nada desde la última vez que estuvo allí: en el salón de estar rectangular, aquellos sofas negros; el más grande rozando la pared y dos pequeños, uno a cada lado. La mesa pequeña de madera justo en medio.
Enfrente de los sofas aquel sencillo mueble en el que se podían ver una televisión y unas estanterías con libros entre los que aparecía con frecuencia los nombres de Lincoln Child y Douglas Preston.
También había figurillas que podían provocar cierto temor a la gente "normal", pero a Chloé le encantaban: un ángel gótico, con la piel absolutamente pálida, una cabellera larga y oscura, ataviada de un vestido negro holgado que solo le cubría un hombro y que, aunque llegaba a los pies, dejaba ver una pierna igualemente blanco. Sus labios rojos, como manchados de sangre sujetaban una rosa negra.
Las otras figuras eran dragones y trolls. Todo eso sumergido en la poca luz que siempre reinaba en esa casa, le daba un ambiente un poco fantasmagórico a veces.
-En fin, querida amiga, cuéntanos que te trae por nuestra humilde morada-dijo Leroy- Espero que no hayas vuelto a escapar de Héctor, ya sabes que eso sería desobedecer las órdenes de nuestros superiores e incumplir el tratado.

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