martes, 5 de julio de 2011

Capítulo 4. Primera parte.


Chloé se recriminaba a sí misma el haber sido tan despistada y estúpida. En todos sus años como vampira jamás le había sorprendido un amanecer a la interperie. Y justo hoy, cuando por fin había conseguido reunir el valor suficiente para escapar de Héctor y admitir lo que sentía por Vittorio, la vida se le iba a escapar de las amnos. Podría haber sido el primer día de una nueva vida y, sin embargo, iba a ser el últmo.
Chloé conducía a toda velocidad con lágrimas en los ojos; ya podía sentir el calor abrasador del sol traspasándole la piel.
-Chloé, ¿qué es lo que te pasa?¿Qué estás haciendo?-le preguntó Vittorio aterrorizado.
Chloé iba esquivando con una precisión increíble a todos los coches que se cruzaban en su camino, saltándose los semáforos en rojo y entonces se dió cuenta de que no le daría tiempo para llegar a su escondite.
La cabeza no paraba de darle vueltas; el ponerse a la sombra sólo retardaría el efecto del sol, no podía esconderse en casa de un desconocido surante un día entero y ningún centro comercial había abierto sus puertas todavía.
Miró la hora en el reloj del coche y se dijo a sí misma que ya no tenía escapatoria, tendría que explicárselo a Vittorio para que, almenos, supiera porque iba  a morir ante sus ojos.
Se paró en el arcén mientras el sol salía y las piel de sus manos se abría en un montón de pequeñas heridas.
-Vittorio- dijo tratando de ocultar el dolor que las heridas le estaban haciendo sentir- te quiero, te quiero muchísimo.
-¿Qué te está pasando, Chloé?- dijo Vittorio asustado mientras miraba como la sangre más roja que había visto en su vida se deslizaba con suavidad por las manos de su adorada Chloé.
-Eso quería explicarte- dijo Chloé con un hilo de voz-.
Se perdió en la profundidad de los ojos de Vittorio  y lamentó no haberse rendido antes ante sus encantos. Creyó estar contemplando a la mejor persona del mundo, a ese ser que algún dios había moldeado solo para ellay, pensando en esto, se desmayó.No pudo explicarle a Vittorio lo que era ella y que le estaba ocurriendo, se desvaneció en ese aroma tan dulce que Vittorio siempre desprendía y pensó que no podría haber mejor muerte.
No sabía si estaba consciente o inconsciente, pero de la misma forma que nos sucede cuando no sabemos si estamos soñando dormidos o despiertos, así estaba ella pensando en que esperaba que la muerte de un vampiro fuera más dolorosa, y más si ésta estaba producida por el sol.
Vittorio tenía el bello rostro de Chloé entre las manos.
-Chloé, Chloé- le daba suaves palmaditas en su pálida cara- ¿Qué te pasa?
Vittorio estaba muy asustado, no sabía que le pasaba a Chloé.
Buscó las heridas de sus manos y vió que habían desparecido, al igual que había sucedido hace unos segundos con las de su cara.
Decidió que lo mejor sería llevarla al modesto piso de estudiante que tenía. Allí estaría a salvo e Héctor y él tendría tiempo para pensar que hacer.
Rodeó el cuerpo de Chloé con sus brazos y la colocó con cuidado en el asiento del copiloto, le pasó el cinturón y le colocó unas gafas de sol que encontró en la guantera.
Salió del coche y se sentó en el asiento del conductor para llevarla a su piso.
Vivía en un primero, pero aún así cogió el ascensor, pues quería evitar que algún vecino le viera subiendo en brazos a una mujer tan guapa a su piso.
La acostó en la cama y le retiró unos mechones rojizos de la cara.
Por mucho que la mirara, siempre le impactaba su belleza.
-¿Qué pasa contigo, Chloé? ¿Quién eres realmente?- susurró-

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