martes, 5 de julio de 2011

Capítulo 3

Chloé estaba tumbada en la cama, observó el blanco techo, la lujosa lámpara de cristal que colgaba de él, las paredes de color  beige, el sofá verde, su tocador.. Miró la habitación palmo a palmo sabiendo que no la volvería a ver más.
Se incorporó en la cama y pensó que ya había llegado la hoar. Se levantó y fue hacia el armario, antiguo, pesado y de madera oscura, lo abrió y cogió de allí prendas y otras pertenencias que pasó a introducir en una mochila negra.
Dejó sobre el tocador una nota que, previamente había escrito a Héctor y se encaminó hacia la puerta.
Le pareció escuchar a Héctor tocando el piano .Perfecto.No se percataría de su huida.
Bajó las escaleras sigilosamente, cruzó el amplio salón y llegó al recibidor, se quedó escuchando por si Héctor oía sus pasos y viendo que no era así, se miró por última vez en el espejo del recibidor y abrió la puerta con prisas y ansias de libertad.
Sintió que le iba a dar un ataque al corazón cuando vió a Vittorio agachado, con un papel en la mano, como si tuviera pensado deslizarlo por debajo de la puerta.
-¿Qué haces aquí?- dijo Chloé en un susurro con el odio en el rostro.
-Yo.. yo..-titubeó Vittorio.
Chloé cerró la puerta tras de sí y le dijo:
-¿Qué haces aquí a estas horas?-.
-Yo... Un momento-Vittorio frenó sus titubeos- ¿Y dónde vas tú con esa mochila? ¿Y qué te ha pasado en la cara?-.
Chloé rozó el moratón que Héctor le había provocado en su blanco rostro, pues aunque sólo fue una bofetada, la fuerza sobrehumana de Héctor podía provocar eso y mucho más.
Chloé le arrebató a Vittorio el papel que llevaba en las manos y lo leyó:

"Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo
vos sola lo escribiste; yo lo leo
tan sólo que aún de vos me guardo en esto
En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aún no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida:
por hábito del alama misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo vida,
por vos he de morir y por vos muero. "

-No sé si faltaste a clase ese día, pero el plagio es un delito- dijo con ironía Chloé-El señor Garcilaso de la Vega no debe estar muy contento en estos momentos- y dicho esto se dispuso a irse.
Vittorio la cogió por el brazo y sin esperar a que se girara le dijo:
-No era para Héctor si no para ti.
Chloé sintió en el estómago miles de mariposas y trató de disimular:
-Vittorio, no puedo hablar ahora contigo, ¿vale? Me tengo que ir ya.
-Él te maltrata, ¿verdad? Por eso huyes, ¿a que sí?-.
-Vittorio, deja tus dotes de Sherlock para los libros y déjame marchar.
-Denúnciales, yo te acompañaré.
-Vittorio, no sabes lo que estás diciendo.
-Sí,si que lo sé, no dejaré que te haga daño y te voy a acompañar donde vayas.
-Vittorio, no.-dijo Chloé muy seria mirándole a los ojos.
-Si no me dices dónde vas, yo mismo le denunciaré.
Chloé pensó en las consecuencias que esa denuncia podría tener en la frágil vida de Vittorio. También temía que Héctor los viera por la ventana así que le dijo a Vittorio:
-Vámonos lejos de aquí, no quiero que Héctor nos vea.
Se dirigieron hasta el coche de Chloé y condujo hasta "su lugar", un claro en el bosque apartado de todo con vistas a un precioso lago al que acudía cuando quería estar sola.
Al llegar apagó el motor y le dijo:
-Vittorio no te puedo explicar los porqués pero yo me voy a ir, , tú no me buscarás ni denunciarás a Héctor porque no hay nada que denunciar.Sigue con tu vida de escritor, no rompas tu trato con Héctor; puede hacer llegar muy alto a alguien con tanto talento como tú. No me nombres nunca y olvida que me conociste. Es lo mejor para ti, creéme.
Vittorio contestó la larga declaración de intenciones de Chloé con unas palabras que perturbaron a Chloé:
-No sé si antes me has oído bien, pero esa hoja que me cogiste de las manos era para ti- clavó sus ojos marrones en los de Chloé mientras decía esto-.
Chloé volvió a sentir de nuevo esa efervescencia en el estómago y notó que el corazón le latía tan fuerte que temió que se le marcara en la camiseta.
No quería sentir lo que estaba sintiendo, ni por Vittorio ni por nadie; quería mantener esa promesa que, sin darse cuenta, había roto ya.
Chloé no podía hablar y Vittorio le acarició la cara y le dijo:
-No dejaré que Héctor te vuelva a hacer daño, te lo prometo-le besó en la mejilla.
Chloé sintió que se le ponía la piel de gallina con el roce de los labios de Vittorio en su piel, lo miró a los ojos y acabó rindiéndose a ese sentimiento que llevaba meses atormentándola. Al besarle sintió que la efervescencia contenida que llevaba tiempo sintiendo en su estómago se desparramaba por todo su cuerpo y llegó a sentirse mareada por unos momentos..
-Te quiero-susurró Vittorio apoyando su morena frente en la de Chloé.
Esas dos palabras la volvieron a la realidad: acababa de escapara de la mansión de Héctor, tenía que esconderse y encontrar la manera de frenar sus planes, había dejado de luchar contra lo que sentía por Vittorio.. ¿Y ahora qué? Vittorio era humano y ella no podría contarle lo que ella era y ahora mismo le resultaba doloroso despedirse de él y no verle nunca más.
Además debía ser rauda y veloz en su búsqueda del escondite perfecto.
Héctor siempre le decía que era una vampira y que, como tal, debía deshacerse de los deseos y sentimientos humanos, porque éstos siempre terminaban siendo los puntos débiles y culpables de las desgracias de los humanos y que también serían los suyos.
¡Cuánta razón tenía Héctor! ¿Qué iba a hacer ahora?
Vittorio la abrazó. y con la barbilla apoyada en su hombro vió que estaba amaneciendo y en ese instante supo que no le daría tiempo a escapar del sol, que quemaría su piel y su cuerpo hasta reducirlo a cenizas, y todo esto ante la mirada atenta de Vittorio.
Pensó que no le iba a dar tiempo pero, aún así, lo iba a intentar.
Sin mediar palabra se apartó de los brazos de Vittorio, arrancó el coche y empezó a conducir a toda velocidad..


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