martes, 5 de julio de 2011

Capítulo 2. Segunda parte

Héctor no se imaginaba lo que estaba sucediendo en el interior de Chloé, de hecho el pensaba (y deseaba) que si Chloé se enamoraba de alguien (si no es que lo estaba ya) fueses de él, que había sido su compañera fiel desde hace siglos y que había perdonado toda y cada una de sus traiciones y fugas del hogar que tenían en común, de él que le había enseñado todo lo que había que saber sobre los vampiros.
Héctor podría haber tenido a la mujer que quisiera; tenía la cultura que sólo alguien que ha vivido más de 2000 años puede tener, era educado y caballeroso además de increíblemente atractivo.Poseía una piel tan blanca e inmaculada como la de la bella Chloé, sus ojos de color cambiante (azules, dorados o marrones según su estado de ánimo), grandes y brillantes eran una de sus señas de identidad, la otra era esa melena corta rubia que bordeaba su perfecto rostro. Era alto y fuerte; no era de extrañar que Chloé lo confundiera con un ángel la primera vez que lo vió.
Pero aún así Héctor llevaba siglos enamorado de Chloé; la había tenido en sus brazos muchas veces, pero él sabía que eso no era ninguna garantía de que Chloé también lo amara, de hecho, el jamás le había dicho directamente lo que sentía por ella.
En los siglos que Héctor llevaba enamorado de ella la había ayudado pero también la había amenazado y manipulado; por más que se empeñaran nunca pensarían igual.
Chloé no se creía superior a los humanos por tener más fuerza, resistencia o agilidad que ellos, más bien se sentía culpable por tener que alimentarse de ellos. Fueron muchas las veces que trató de escapar de Héctor y buscar una solución a su vampirismo pero siempre acababa volviendo a su morada.
El momento en el que Vittorio apareció en sus vidas, fue en una de esas épocas de crisis; Chloé se estaba replanteando de nuevo su vida como vampira, pero esta vez con más fuerza porque la culpabilidad le consumía por dentro más que nunca.
Las últimas ideas de Héctor la horrorizaban, creía que eso ya era ir demasiado lejos, llegó a pensar que quizás estaba perdiendo la cordura, pues 2000 años vividos son demasiados para cualquiera, habían sido muchas las cosas por las que había tenido que pasar y muchos los sucesos terribles a los que se tuvo que enfrentar. Quizás todas esas cosas le habían llevado hasta la locura de un fanático religioso.
En esa época las discusiones eran su pan de cada día, pero un día Héctor pasó la línea que nunca debía haber pasado: la abofeteó.
Chloé le respondió con un sonoro puñetazo en las costillas, pero el golpe sólo fue una molestia en el cuerpo de Héctor.
Chloé, con la boca ensangrentada y sabiendo que en fuerza nunca podría ganar a Héctor le respondió:
-Me las pagarás.
Subió a su habitación y después de muchas horas pensando decidió que ya era hora de poner su plan en marcha

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