martes, 5 de julio de 2011

Capítulo 2. Primera parte


La noche cayó sobre la ciudad, aunque en el corazón de Chloé ya había caído hace horas al ver esa rosa maldita.
Se sentó al borde de la cama, cogió la rosa con una de sus pálidas manos, arrugándola, para luego deshojarla con furia y lágrimas en los ojos mientras recordaba la dulce sonrisa de Vittorio, esa sonrisa que le hacía creer en un mundo mejor, que encendía de nuevo la llama de sus sueños, sueños que ya no podían existir sin esa mirada llena de vida e ilusión, esos ojos que Héctor ya habría cerrado para siempre... Como hizo con Nuria, Elena, Eduardo y Mario.
No trató de seguir ni encontrar a Héctor por dos razones: la primera, porque Héctor la triplicaba en fuerza y habilidad era uno de los primeros vampiros de la historia, fue su mentor en la lucha y las armas y en todo lo que un vampiro debe saber, y segundo, por si la fortaleza de Héctor no fuera suficiente tenía que enfrentarse al poder de Héctor. A día de hoy todavía no habían sabido ponerle nombre: Era algo así como un sexto sentido que le avisaba cuando el peligro estaba cerca, pero no era sólo eso, también era capaz de ver el rostro y el lugar de la persona que le acechaba.
-El plan que acabaría con el, debería ser un plan maestro-pensó- Pero Héctor tiene enemigos que puede que estén dispuestos a ayudarme-.
Vió sobre la mesita de noche un marco con una foto en la que aparecían Vittorio y ella en la que parecía que estuviera contenida toda la felicidad del mundo...¡Cómo lo echaba de menos!¡Cómo se arrepentía de que su vida, bueno más bien su muerte, se hubiera cruzado con Héctor!
Más de una vez le dijo que su vida le pertenecía, porque sin él "no sería otra cosa que uno más de los cadáveres de los que llenan el camposanto" y que además, su presencia allí hubiera sido una alegría para muchos dada la fama que le precedía.
En esos momentos hubiera preferido estar muerta. Lo único que le impulsaba a seguir viviendo eran sus ansias de venganza por haberle arrebatado lo que más quería: Vittorio, su escritor, su poeta... Aquel joven que conoció una tarde cuando fue a llevar sus escritos a Héctor para pedirle que le diera una oportunidad.
Era una tarde lluviosa de Abril y Vittorio llegó empapado a la mansión, sin ningún aviso, ni presentación, ni cita previa; tan sólo con sus escritos en una carpeta, y toda la ilusión y las ganas de comerse el mundo en él.
Lo vió entrar desde la puerta de su habitación, pero él no se dió cuenta de su presencia.
La presencia de aquel joven en el recibidor de la mansión removió sentimientos dormidos en ella y los recuerdos le dibujaron una sonrisa en su pálido rostro.
Le recordaba tanto a ella..! Cuando aún estaba viva; cuando era "Isabel" y no "Chloé".
Su juventud, esa rebeldía e impertinencia, despertaron en ella recuerdos que le hicieron sentir simpatía por él casi al instante, por eso, cuando Héctor estaba a punto de echarlo, Chloé apoyó las manos en la barandilla de la escalera y le dijo a Héctor desde arriba:
-Venga, hombre, no seas descortés con el muchacho, eres editor y constantemente tienes que leer cosas que te desagradan, por una más no te pasará nada- dijo mientras sonreía malévolamente- Dale una oportunidad al chico, que va a pillar una pulmonía sólo por venir a verte.
Héctor la miró y luego observó al joven y a su mirada expectante y le dijo:
-Hoy es tu día de suerte, pasa chaval.
-Gracias-.
-No me des las gracias a mí, dáselas a Chloé.
Vittorio miró hacia donde se encontraba Chloé y agachó la cabeza con timidez en señal de agradecimiento, gesto que Chloé respondió con una sonrisa que perturbó al joven durante unos segundos.
Si Héctor hubiera sabido lo que iba a suceder, no le hubiera dejado entrar aquella tarde y si Chloé hubiera sabido el destino que le aguardaba a Vittorio y a ella misma no hubiera salido de su habitación en aquel momento.
Esa tarde Héctor pudo comprobar que Vittorio tenía talento, y fue la primera de muchas tardes que pasaron juntos, corrigiendo textos y preparando el que fue el primer libro de Vittorio.
En esas tardes Vittorio dirigía miradas nada disimuladas a Chloé; le era muy difícil ocultar lo que esa belleza y personalidad enigmáticas le despertaban.
Héctor era consciente de lo que le estaba ocurriendo a Vittorio, y, dado a que no le consideraba un rival, se mofaba de sus miraditas y demás detalles, ridículos a su parecer, que el joven tenía con Chloé, cuando se quedaban a solas.
Chloé se sentía muy confundida, y prefería también burlarse de los intentos de Vittorio por conquistarla y esconder lo que estaba empezando a sentir, primero porque era un humano y segundo para seguir fiel a su promesa de no enamorarse nunca más... La última vez sólo consiguió dolor, sufrimiento, lágrimas y ... su muerte. Pero evitaba siempre pensar en eso

2 comentarios:

  1. poco se puede comentar, sólo una cosa: Es una obra maestra del vampirismo, un beso

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  2. Guau! Muchas gracias!
    Ya me dirás que te parecen el resto de capítulos!

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